Abril

Tengo un jardín de mariposas,

es abril.

Tengo flores cantándole a mil aves

y una gata bailando en los tejados:

sé feliz.

Tengo siniestras dudas sumergidas,

es el agua.

Y un centenar de botones cayendo;

es el ruido.

Llevo la furia silvestre dentro:

es la voz.

Acicalados colores bellos y tu mirada

buscando el no se qué de alguna parte.

Tengo la música, un escalofrío.

Será el sueño.

Tengo placeres por añadir…

Y me encuentro viviendo así, a puñaladas

entre corazas y espadas.

Arrinconada me absuelvo de cada pecado.

Y vuelvo en mí:

Mi jardín es mío, sus flores mías, mi gata mía,

mis dudas, mis botones, mi furia, mis colores.

La música.

Mis escalofríos y sus placeres…

Un placer sobrevivir aquí.

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La figura sexy del Sr. Esperpento.

Estéticamente bello,

menosprecia lo convencional.

Produce risa, humor y,

en la perplejidad,

hace una mezcla de sus sueños

y la realidad.

La deformación propiciada

deja de ser absurda

una vez que se somete,

con cuentagotas,

a su medida.

Que silencie Wagner el huracán

en sus orejas,

que los espejos suyos siempre deforman

las alas y los muñecos patizantes

esperan, grotescos, en los burdeles.

No sé si pícaros, bohemios,

mendigos o enmascarados

pero

en este mundo hecho teatro,

la mirada ebria sonríe al guiñol,

en el Callejón del Gato.

Onirismo.

CABEZA 7

                       Jaroslaw Kubicki.

Latido perfecto enervando la piel.

Suculento olfato desgarrado.

Curiosa escena.

Sofá cristalino y cutáneo,

pegadizo al rostro,

comodidad barata a precio estándar.

Comercialización del sueño.

El ábaco del colegio.

Un abrazo.

Colores varios: catálogo de primarios.

Música de fondo,

me creo violín. Y vuelo…

Y posteriormente caigo.

Latido imperfecto.

La piel, fría.

Extraño olfato.

Curiosa escena:

Se me cayó la baba y desperté.

Mermas

cabbbb

Y se perdieron las tormentas de arena

y los transeúntes enlatados.

Y ya no hay luz en el fuego ni testimonio en mi órbita.

Desde luego renegué de tus altercados paseando mi abstracto infinito

por donde esparcías tú, esos, tus huesos invertebrados.

Y ahora te busca.

Siempre te anda buscando

la vieja pérdida mantenida a flote, esa: mi otra constante infinita

                                                                            llena de ángulos.

Y se pierde entonces, también, obsoleto, el mecanismo.

Y nos manifestamos sin siquiera inercia.

Sin constancia.

Sin embargo.

Monstruos

Hacen que magnifiquemos lo insaciable para no creerse responsables de nuestra caída.

Hacen que nos limitemos,

que nos extrapolemos,

que deliremos y nos distanciemos de la esencia propia del ser:

hacen de todo menos lo que tienen que hacer.

Ahuyentan.

Despistan.

Aniquilan.

Coartan.

Falsifican.

Dictan.

Dan por sentado estando ellos de pie.

Critican sin miramientos de ombligos.

Clasifican el hambre, los panes, los peces,

las ideas, los gustos,

la respiración…

Se automatizan en el establecimiento de la autogestión normativa.

Sin preguntar. Sin enteder. Hinchándose como cerdos.

Sin praxis.

¿Quién necesita monstruos debajo de la cama?